5 de julio - Tarso
6 de julio - Capadocia
7 de julio - Konya
8 de julio - Pamukale, Hierápolis
9 de julio - Éfeso
10 de julio - Éfeso, casa de María
11 de julio - Estambul I
12 de julio - Estambul II

Éfeso

Durante su tercer viaje de misión se detuvo Pablo en Éfeso más de dos años. Después de visitar sus iglesias de Galacia, “atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso” (Hechos 19, 1). Ésta era la principal ciudad de la provincia romana de Asia, y sus habitantes alcanzaban la cifra al menos de un cuarto de millón. A unos cinco kilómetros al oeste se hallaba el mar Egeo; el río Caister, que desembocaba en el mar, en aquella época era navegable hasta Éfeso, que gracias a ello venía a ser el centro de convergencia para el comercio marítimo con Occidente y las rutas caravaneras con Oriente. Igual en importancia a las grandes ciudades orientales, como Antioquía de Siria y Alejandría de Egipto, Éfeso era un lugar muy ventajoso para la predicación de Pablo.
Obras literarias e inscripciones aportan un cúmulo de datos acerca de la abundancia de que disfrutaba la ciudad. Según Estrabón, era el mercado más importante de toda Asia Menor. Parte no pequeña de su riqueza y su fama era debida al culto de Ártemis, la diosa madre, identificada por los romanos con Diana. Su culto estaba relacionado con la fecundidad de los seres humanos, los ganados y los rebaños. Su transfondo era asiático más que romano o griego, y aquel culto se asemejaba mucho al de la fecundidad que practicaron los cananeos y que tan atractivo resultaba para los israelitas. Era un culto popular, y todo confirma la afirmación de Demetrio, el platero, en el sentido de que era la diosa “a quien toda Asia y el mundo veneran” (Hechos 19, 27).
El templo de Ártemis en Éfeso era considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo.
El mes de Artemisión (marzo-abril) era la ocasión en que los curiosos y devotos que acudían a la ciudad proporcionaban al templo y a los comerciantes cuantiosos ingresos. Quizá fueron aquellas multitudes las que retuvieron a Pablo en Éfeso hasta después de Pentecostés; en su primera Carta a los Corintios afirma el Apóstol: “Permaneceré en Éfeso hasta Pentecostés, porque se me ha abierto una puerta grande para una labor eficaz, y hay allí muchos adversarios” (1 Cor 16, 8s). Las consecuencias económicas de la predicación de Pablo y el celo por los dioses crearon un clima propicio a los tumultos.
La estancia de Pablo en Éfeso tocó a su fin con la algarada que provocó el platero Demetrio, cuyo nombre posiblemente ha aparecido en una inscripción. Pablo había logrado disuadir a muchos de su intención de adquirir capillitas de plata, con el resultado de que Demetrio alzó su voz contra aquel hombre que afirmaba “que no hay dioses hechos con las manos” (Hechos 19, 26). Las turbas se arremolinaron en torno a Pablo cuando éste apareció en el gran teatro situado en la ladera occidental del monte Pión, que se eleva por encima de ala ciudad. Aquel teatro tenía aproximadamente 166, 5 m de diámetro y se dice que en él cabían 24.550 personas. Su aspecto resultaba impresionante y se hallaba adornado de numerosas estatuas.
La Tradición sitúa la “prisión de Pablo” en un edificio militar de la colina de Astiages, al lado occidental de la ciudad, aunque la actual fortaleza es de época muy posterior. Al sudeste del teatro, Wood identificó un edificio circular de unos 15 m de diámetro como la tumba de Lucas, pero estudios ulteriores han demostrado que se trata de una sepultura familiar griega o de un enterramiento en que se recogieron los cuerpos de cierto número de soldados.
Numerosas inscripciones aparecidas en la ciudad aportan datos interesantes para el arqueólogo que estudia la etapa cristiana. La alusión de Hechos 19, 13 a unos exorcistas recuerda la popularidad que en Éfeso tenían los especialistas en fórmulas mágicas y conjuros; los autores griegos y romanos se refieren a éstos con el nombre de “escritos efesinos”. La fórmula “yo te conjuro por...”, utilizada por los magos judíos semipaganizados del pasaje aludido, parece haber sido la habitual de los exorcismos. En Hechos 19, 18 se habla propiamente de “fórmulas mágicas”. Los “asiarcas” de Hechos 19, 31 son frecuentemente mencionados en las inscripciones de Éfeso; “asiarcas” era un título que ostentaban los promotores del culto al emperador en la provincia de Asia.
El éxito de la predicación de Pablo en aquella gran ciudad debió de ser importante. El Apocalipsis, libro escrito hacia finales del siglo I d. C. en la isla de Patmos, no lejos de Éfeso, recuerda aquellos comienzos de la Iglesia y exhorta a los cristianos a “darse cuenta de dónde han caído” (Ap 2, 5). Tradicionalmente se cree que la Carta a los Efesios fue escrita desde Roma, aproximadamente al mismo tiempo que la Carta a los Colosenses, y que fue llevada a Asia por Tíquico (Ef 6, 21), el discípulo de Pablo que también llevó consigo la Carta a los Colosenses a la ciudad del valle del Lico. Las semejanzas que presentaban ambas cartas son tan notorias que resulta difícil separarlas. Sin embargo, los datos que nos han transmitido los primeros Padres de la Iglesia y el mismo contenido de la Carta a los Efesios indican que con toda probabilidad el manuscrito original no llevaba este título de “Efesios”. Lo más probable es que se tratara de una carta pastoral dirigida a todos los cristianos de Asia. Muchos investigadores, fundándose en razones internas, dudan de que fuera escrita personalmente por Pablo; es muy posible que la redactara un discípulo.
Quizá el acontecimiento más importante de la historia cristiana relacionado con Éfeso sea el concilio ecuménico del año 431 d.C. fue motivado por el cisma entre Nestorio, patriarca de la iglesia de Constantinopla, y sus seguidores, entre los que se incluía la escuela de Antioquía de Siria, y el resto de la Iglesia, a cuyo frente se hallaba Cirilo, obispo de Alejandría. El punto de discordia era la doctrina acerca de las naturalezas humana y divina en Cristo, y la cuestión de si María debía ser llamada “Madre de Dios”, como afirmaba Cirilo, o simplemente “Madre de Cristo”, como defendía Nestorio. El concilio se celebró en la iglesia efesina de Santa María. Esta iglesia, que ha sido excavaba, fue erigida hacia el 350 d.C. sobre los restos de una gran escuela pagana, o museum. Tenían una longitud total de cerca de 145 m y su planta tiene el aspecto de un santuario doble, con un ábside en cada uno de sus extremos. En las actas oficiales del concilio, redactadas por Cirilo y los suyos, se da a esta iglesia el nombre de “Santa María, Madre de Dios” o simplemente el de “la gran iglesia”.
(G.E. Wright, Arqueología bíblica, p. 491-495)

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